martes, 1 de mayo de 2012

Andorra, una historia de contrabandistas

El fenómeno del contrabando no es nuevo en el Pirineo: clandestino pero socialmente "normalizado" desde hace muchas décadas, familias enteras se dedicaban a ello para llenar la nevera y pagar los recibos del banco... Al menos fue así hasta que, en los años 80, grupos criminales entraron en el chanchullo con maneras mucho más violentas: caravanas de todoterrenos cargados de ilegalidad circulaban con nocturnidad y sin luces por alguno de los 23 pasos de montaña que comunican España y Andorra. Al volante, conductores hasta el culo de caballo o cocaína.

En 1997, uno de estos vehículos atropelló mortalmente a una adolescente, colmando la paciencia de las autoridades: la "Operación Montaña" blindó todas las rutas del contrabando, acabando con la barra libre... por un tiempo.

Los métodos han cambiado, pero el lucro ilícito continúa.

Aprovechamos un soleado día tonto de un mes tonto para acercarnos hasta Andorra; no nos interesaba hacer shopping, nuestros intereses eran otros, centrados alrededor de esa línea imaginaria que separa dos países...


Una vez rebasada la aduana andorrana, tomamos un desvío hacia Os de Civis por la carretera del Coll de la Gallina, rompepiernas para ciclistas con pendientes de hasta el 14%.




El “Parador del Canòlitx” es un hotel con más estrellas que habitaciones: cuatro y tres, respectivamente. Rosy, su propietaria, nos trata con una cordialidad que contradice el carácter introvertido de los andorranos; entre plato y plato, nos explicó como había dado de comer a decenas de contrabandistas... y también a unos cuantos guardias civiles que venían de estrangis para disfrutar de una mesa bien servida. A veces coincidían perseguidores y perseguidos, días en los que se comía muy en silencio.

Otro autóctono se nos une a la conversación de sobremesa en el Canòlitx. El tipo peina canas, y tras un par de copas de brandy, se deja ir:

-Sé de muy buena fuente que los civiles de la aduana estaban bien "untados" por los traficantes... No todos, claro, los recién llegados eran retoños inocentes, pero ¡ay! cuánta corrupción había allí dentro... y algunos de ellos tenían galones en los hombros...

En ese punto, creo que nuestro tertuliano tomó conciencia de que estaba ante un completo desconocido, y cambió el rumbo de la conversación. Explicó, con poco disimulada simpatía, como veía pasar a los estraperlistas carretera arriba, a pie y cargados con grandes fardos de tabaco; después puntualizó que “el ambiente se estropeó bastante” cuando entraron en el negocio mafias que “se gastaban todo el beneficio en bebida, droga y putas”, tipos peligrosos circulando a toda velocidad en antiguos Range-Rover que repintaban frecuentemente para despistar a las autoridades. Si se veían sorprendidos, abandonaban los vehículos para huir a pie.

Tras la interesante sobremesa, hemos continuado montaña arriba. La carretera es un constante zig-zag de curvas fuertemente peraltadas que pierde el asfalto justo sobre la raya fronteriza, en lo alto del Coll de la Gallina... ¿Carreteras asfaltadas que no llevan a ninguna parte? Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Volvemos sobre nuestros pasos, tomando la bifurcación de Os de Civis, reserva comanche que administrativamente pertenece a la provincia de Lleida, aunque sólo es accesible desde Andorra, país que le cubre todos los servicios, excepto la electricidad. Más allá, hacia Llavorsí, el terreno sólo es apto para vehículos preparados... Efectivamente, Os de Civis es otro "pasillo" clandestino.


Desandar a territorio andorrano supone volver a la carretera general, casi todas las vías secundarias son "afluentes" de ésta. Más allá de Escaldes-Engordany, tomamos otro desvío para subir al Port del Cabús. Al igual que en el Coll de la Gallina, el asfalto se acaba donde acaba Andorra. Si hubiéramos querido continuar por el camino de tierra, habríamos bajado al pueblo de Tor, conocido por sus conflictos de novela negra que de hecho puedes leer sin moverte de este blog... Y si lo haces, te informo que publicarlo ha costado que alguien me amenace con "darme un estacazo" si vuelvo a poner los pies allí. Volveré, por supuesto.

Aquí finaliza la crónica; quedan muchos pasos de montaña, y no me los callo porque dude de tu honestidad, amable lector, pero no me gusta la cara del tipo que está justo detrás de tí, leyendo por encima de tu hombro...







7 comentarios:

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    1. A buenas horas leo tu comentario... Muchas gracias, hombre!!!

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  2. Lástima de no haber podido terminar esos recorridos por la nieve Manel, prueba en Junio, que seguro los recorres con sol y la impresionante luz del pirineo. Me ha encantado el relato, pues me ha parecido recorrerlo con vosotros, Andorra fue hace unos años como mi segundo hogar, vamos el del fin de semana, y me has traído muchos recuerdos contándonos esta ruta. También esas historias de contrabandistas, de los antiguos conozco muchas, mi padre me contó unas cuantas de los años 50 y 60, mi familia es casi toda del Alt Urgell, pero... aquellos eran otros tiempos y se hacía mas por necesidad que por negocio.
    Me alegro mucho por vosotros.
    Saludos.

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    1. A buenas horas leo tu comentario!! Recuerdo que ya hemos tenido ocasión de hablar de ello, pero aún así sería un privilegio volver a pisar aquellos caminos acompañado de tí y tus conocimientos... Estamos en contacto, un abrazo!!

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  4. os falto hacer una parada en el barri antic Hostel & Pub , es un hotel motero , la entrada es un Pub con buena música y el hotel esta todo decorado de temas moteros , es el punto de reunión de las custom en andorra , siempre hay varias harleys en la puerta

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    1. Caray, pues menudo lapsus!! No tenía ni idea de ello... pero no te preocupes, que no me olvidaré dos veces ;-)

      Ráfagas y buena ruta!

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