jueves, 29 de mayo de 2014

Las "Numancia" ya no sirven gasolina

Érase una vez un país sin autovías, en el que los viajes del verano eran una aventura épica. En aquellas carreteras radiales, un SEAT 850 surcaba la península de punta a punta, el padre al volante, la madre a su lado, y los dos chiquillos atrás; madrugaban mucho para escapar de la canícula tanto como fuera posible. En el auto-radio sonaba música ligera española: el "cocidito madrileño" de Manolo Escobar, la "polca del barril" de Los Mismos, el "Flamenco" de los Brincos, y de vez en cuando, cintas de Arévalo.

El hermano mayor tardó en ser motero, pero le enseñaron pronto a ser viajero.

Gasolineras. Las de hoy son -en general- mucho mejores que las de entonces: me encanta esa asepsia corporativa que se prolonga hasta los lavabos, ¡Lavabos limpios! ¿Alguien ha olvidado aquellos mugrientos retretes de antaño? El cagadero era un agujero en el suelo, el jabón (si lo había), era de aquel en polvo que limpiaba "por abrasión", el secamanos eléctrico (si lo había) era todo ruido y nada efectivo...

Y las manchas. En los azulejos, en la pileta, en el espejo (si lo había)… Manchurrones proyectados por manos negras sacudidas con demasiado entusiasmo. Porque antes había más averías, pero la gente tenía menos miedo de meterle mano al coche porque todo era más sencillo, más mecánico.

La "Numancia", más que una gasolinera, era un referente de la ruta, oasis de bienestar al pie de la Nacional 2. Cuando se inauguró la autovía, la vieja carretera dejó de partir en dos aquella población, y mató a la gasolinera. Ayer mismo, cuando volví para visitarla, era un añejo abandono curiosamente poco vandalizado... Del rótulo que rezaba "CAMPSA" sólo queda el vago contorno, y la marquesina de fibra estaba incompleta cuál anciano desdentado, esperando a que el cierzo la desmonte por completo.


Termómetros gigantes. Un gran mapa de carreteras pintado en azulejos. Estampa prototípica de cualquier gasolinera de los años sesenta, setenta, ochenta... No se aceptaban tarjetas de crédito, tampoco había supermercado de conveniencia más allá de filtros, aceites o aditivos expuestos en polvorientas estanterías, sin olvidar el calendario con chicas ligeras de ropa, o directamente sin ropa. Buena parte de esos productos continuan allí, esperando a que el cafre de turno pase por allí, le pegue un ladrillazo a la puerta, y se lo cargue todo por simple placer destructivo, si es que no lo ha hecho ya.






A pocos kilómetros de allí, en una carretera secundaria, la “Numancia II” también es historia. Ésta era más humilde, no tenía ni marquesina para guarecerse. A cambio, sobrevive el rótulo de "CAMPSA", y un cartel con los talleres oficiales SEAT más cercanos que sin duda harían las delicias de más de un coleccionista.




Érase una vez, en un país sin autovías, un "850" paró a repostar en la Numancia. En el auto-radio, sonaba música ligera española. Los dos hijos, en el asiento de atrás, duermen. El mayor ha intentado mantenerse despierto, pero el arrullo de la carretera le ha acabado venciendo; siempre sueña con lo mismo, que cuando sea mayor él será quien conduzca, y no dejará de seguir la carretera hasta el último kilómetro.

2 comentarios:

  1. Ay como me he reído, pues si, así eran los servicios, incluso había sitios donde no había wc para señoras, otros que no querían dar la llave, por demasiado sucio ? o lo contrario; para no ensuciar jejeje
    Salu2
    Dorita

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    1. Qué retorcida es nuestra memoria histórica, que no se olvida ni de lo "olvidable"! ;-D
      Gracias por el seguimiento, saludos de vuelta!

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