domingo, 2 de julio de 2017

Bausen, una historia de amor (basada en hechos reales)



A los que amamos ese turismo en el que no queremos ver turistas (vaya perogrullo para empezar la crónica), el valle de Arán puede llegar a parecernos un decorado de cartón-piedra, hecho para disfrute de cierta clase acomodada urbana… Pero no nos engañemos con romanticismos inmovilistas: todo el mundo tiene derecho a la prosperidad, y el valle de Arán sabe que los billetes no llueven de la agricultura o la ganadería. El turismo es un maná al cual era inaceptable dar la espalda, y más aún en un valle históricamente “cerrado” a Cataluña (es el único que se desparrama por la cara norte de los Pirineos).

En los confines del valle, allá donde no llegan las urbanizaciones de casas clónicas ni las estaciones de esquí, aún es posible captar esa esencia primitiva en que no todo es escaparate para el visitante… El pequeño pueblo de Bausen es uno de ellos.

Situado en los confines del valle, se retrepa en las montañas de Les y Bossost, último pliegue orográfico antes de caer en territorio francés… De hecho, según donde te ubiques, tu móvil recibirá cobertura del país vecino. Como todos los sitios fronterizos, este discreto enclavamiento de 60 habitantes tiene muchas historias de exilios, estraperlo y otras movidas nada legales. Buceando en internet, cuesta poco encontrar fotos de oficiales nazis confraternizando con guardias civiles en el puesto fronterizo de Pont de Rei (perteneciente a Bausen). Sin embargo, es más difícil encontrar documentos gráficos de la “reconquista española” del año 1944, cuando miles de guerrilleros maquis entraron por Francia para erradicar la recién instalada dictadura: no llegaron ni siquiera a Vielha, y al cabo de cinco días volvieron a replegarse en el país galo.


Sin embargo, esta vez no me explayaré sobre guerras, más bien al contrario, en Bausen hay una historia de amor que merece ser contada. Y además, no es leyenda, los hechos son tan reales como la tumba que hay en las afueras del pueblo.

Retrocedemos hasta los últimos años del siglo XIX. Las comunicaciones del valle de Arán con el exterior se reducen a caminos precariamente transitados por mulas, o directamente a pie. La autosuficiencia alimenticia es, más que necesaria, una cuestión de supervivencia, y la visión del mundo se reduce a los confines del valle.

Por esa misma razón, la endogamia es un hecho habitual, mayor cuanto más aislado está el pueblo: ante la falta de alternativas, es relativamente sencillo que hombres y mujeres de la misma familia se emparejen. Eso fue lo que pasó en Bausen con Siscu y Teresa, primos hermanos que se enamoraron, y decidieron construir una vida en común.

Como era norma en aquellos tiempos, toda unión matrimonial debía certificarse ante el cura de la iglesia, “comprando” el pecado de la cosanguinidad con una dote económica. Sin embargo, Siscu y Teresa no disponían del dinero que les pedía el párroco, y se les negó el derecho al matrimonio católico.

Siscu y Teresa decidieron que, pese a todo, convivirían juntos, sin importarles la presión que suponía en aquellos tiempos saltarse las convenciones del catolicismo. Tuvieron dos hijos, hasta que Teresa murió prematuramente, a la edad de 33 años.

El cura de la iglesia de Bausen, el mismo que les negó el matrimonio, también se negó a que Teresa fuera enterrada en el cementerio municipal, alegando su vida “pecaminosa”.



Los vecinos del pueblo, al conocer la noticia, levantaron a las afueras y en 24 horas un pequeño recinto delimitado por un muro de piedras. En su interior, sin bendición del suelo, cavaron la tumba de Teresa. Era el 10 de mayo de 1916, hace ahora 101 años.

Siscu se exilió a Francia, donde se dedicó a cuidar de sus hijos. Hoy en día, son sus nietos los que se preocupan de que en el “cementerio de Teresa” nunca falten flores. Si queréis encontrarlo, salid del pueblo por el camino del bosque de Carlac; cuando lleguéis a la ermita de Sant Roc, junto a ella hay un tilo milenario del que cuelga un columpio, y a sus pies, sale el sendero que en doscientos metros os pone frente al cementerio civil más pequeño del mundo… ¿He dicho cementerio? A estas alturas, más bien es un monumento al amor a prueba de prejuicios, y también uno de los pocos ejemplos de la resistencia al poder históricamente establecido por la iglesia católica.


Si Teresa levantara la cabeza, quedaría sorprendida al comprobar que, después de todo, ella fue la vencedora.

Saludos y buena ruta!

6 comentarios:

  1. Enterrados extramuros una cosa que llegué a ver con la tumba de un tío_abuelo. Y tenemos una edad pero no tanta 😊
    Saludos.

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    1. Todavía jóvenes, socio, todavía jóvenes...

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  2. Muchas gracias por tus crónicas y la generosidad al compartirlas.
    Un afectuoso abrazo
    Arnoldo

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    1. Gracias a tí por el seguimiento, Arnoldo! Abrazos de vuelta...

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  3. Jesus (noisestorm)13 de julio de 2017, 10:22

    Está claro que en el fondo eres un romántico. Bonita historia de amor para un valle que tengo pendiente de visitar (en moto, por supuesto, jajaja).

    Un abrazo, campeón.

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    1. Cualquier excusa es buena para venir al vall d'Aran, Jesús... y con este calor, aún más!
      Abrazos de vuelta, y gracias por seguir ahí ;-)

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