jueves, 3 de agosto de 2017

12+1



Llegué tarde a este mundillo de las dos ruedas: nadie me dio a oler gasolina en la cuna, mis padres no profesaban cultura de las motos. En mi carpeta de estudiante había un Lamborghini Countach, el DeLorean de Marty McFly, el Mustang de Steve McQueen… Siempre cuatro ruedas.

Esta “negación” incluía el motociclismo deportivo; la cosa empezó a cambiar recién abandonada la adolescencia, a finales de los 80, con aquellas memorables retransmisiones de Valentín Requena, los americanos arrasando en la categoría de 500, y los españoles divididos entre Pons y Garriga.

Pero había llegado tarde para disfrutar del Nieto-piloto. El 12+1. El niño que arramblaba sin misericordia un título tras otro con aquellas chicharrillas de dos tiempos… ¡Joder con las Derbi! “Balas rojas” las llamaban, aunque en nuestras teles las veíamos en blanco y negro. Con poco patrocinio y mucha motivación, y con unas medidas de seguridad que eran de risa: aquello sí que era, literalmente, “jugarse el pellejo”.

Sin embargo, sí que tuve la oportunidad de disfrutar del Nieto-periodista. De aquel tipo que, lejos de instalarse en la nostalgia del abuelo cebolleta, demostró estar plenamente al día en la evolución del motociclismo deportivo, brindando comentarios con gran fundamento y certeza técnica, y no lo olvidemos, con una capacidad innata para conectar con el aficionado.

Recuerdo aquellos tiempos de las retransmisiones en abierto, primero en la televisión pública, y después en aquella polémica cadena privada. Nieto, micrófono en mano, era el “currante” a pie de pista que salvaba los muebles de aquel canal, un tipo al que nadie osaba cerrarle la puerta del “box”, el que conocía a la familia del paddock como pocos… ¿Familia? Padre de Gelete y Pablo, tío de Fonsi, el apellido Nieto está presente en las parrillas, al frente de un team, en primera línea de este circo que es el motociclismo de élite.

Mientras escribo esto, escucho cascadas de condolencias venidas de todas partes, no veo “postureo” ni corrección política, todos estamos realmente jodidos, consternados, se repite lo vivido hace cuatro días con Hayden: mil veces sorteando a la de la guadaña en mil circuitos, y todo se funde a negro en un estúpido lance cotidiano.

El motociclismo mundial está de luto. Ha muerto el campeón, pero la leyenda continúa. Descansa en paz, Ángel.

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