viernes, 28 de diciembre de 2018

La dedicatoria

Os presento a las cuatro neuronas que conforman mi pequeño y singular equipo de "creatividad mental": no puedo exigirles mucho, pero aún así van mandando ideas que, con un poco de pulimento aquí y allá, pueden acabar conformando un relato potable. Nunca han asistido a cursos de perfeccionamiento literario, y siempre que pueden fanfarronean con aquel rollo de que todo lo que saben "lo han aprendido en la universidad de la vida".

Hay otra neurona que acompaña a esas cuatro garrulas; ésta es muy suya, prepotente e inmodesta al saberse intelectualmente superior a sus compañeras. Vive en un "loft" de diseño ubicado entre el cerebelo y el lóbulo occipital, y sólo sale cuando le da la gana para pavonearse un rato, soltar un párrafo memorable, y volver a su cueva dando un portazo... Es exasperante que una gran idea quede mal verbalizada porque esta jodida neurona caprichosa me ha dejado con el culo al aire, y luego aparezca súbitamente para convertir cualquier mierda en oro.

Durante estas últimas semanas, he tenido que escribir dedicatorias en un montón de libros, y aunque siempre pongo la mejor de las intenciones, la verdad es que generalmente han tirado a justitas al ser tarea de las cuatro machacas que os he presentado al principio del relato... Pero el otro día pasó algo diferente.

La cuestión es que estaba preparando el enésimo libro para ser enviado al domicilio de otro lector agradecido; antes de ensobrar el ejemplar, abrí la primera página para personalizarlo con las habituales palabras de cortesía... y fue entonces cuando la Reina Madre Neurona irrumpió súbitamente, y apartando de mala manera a las cuatro peonas, escribió.

¡Y diablos, vaya si escribió! Como en sus mejores días, metamorfoseó la dedicatoria en un "microrrelato" plagado de evocaciones, utopías, parábolas y mundos paralelos donde el Bien se alzaba por encima de la imperfección humana... Cuando recuperé la noción del tiempo, prácticamente había encajado una historia mínima en dos páginas, quedándome casi sin espacio para plasmar la firma.

Exhalé un Waw!!, acabé de ensobrar el libro, y poco rato después lo eché al correo, pensando en la cara del destinatario cuando pusiera ante sus atónitos ojos semejante torrente de palabras. En el improbable caso de que algún día me gane la vida escribiendo, esa dedicatoria revalorizará aquel ejemplar, fijáos si estoy contento con ella para explicarlo con tanta inmodestia.

Dentro de mi cabeza, la Reina Madre Neurona se lavaba las manos, manchadas de tinta después de modelar su pequeña obra de arte...

-"Felicidades, me has sorprendido"- la adulé.
-"Bah, me aburría en el "loft" y he salido a dar una vuelta"-me respondió con ese habitual punto de indolencia.
-"¿Volveré a verte en más dedicatorias?"-le pregunté, esperanzado.
-"¡Ja! No te hagas ilusiones, yo sólo salgo cuando me da la gana... Y no caigas tan bajo como para clonarla, ¡las dedicatorias son personales e instranferibles!".

Y con una carcajada que hubiera cortado en seco de una bofetada, volvió a meterse en su morada, quién sabe hasta cuándo.
Me desquicia vivir con ella.
No sería nada sin ella.

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