jueves, 30 de agosto de 2012

El chaval desaparecido en Somosierra

La autovía A-1 es una flamante autovía que comunica Madrid con Irún. Esta vía de cuatro carriles fue la evolución de la carretera Nacional I, desfasada por el progreso. Aun así, quedan muchos tramos de la vieja nacional, reconvertida en vía de servicio. Uno de ellos es el del puerto de Somosierra (1.444 metros); en su cumbre, se encuentran las provincias de Segovia y Madrid. Hoy, el lugar languidece con infraestructuras sobredimensionadas que en su día fueron referencias para comer, repostar, descansar... e incluso rezar a Dios en la “iglesia de los camioneros”; el páter José Medina confiesa y bendice quien se lo pida. En el exterior de la iglesia, hay una tumba con los restos de un camionero fallecido en accidente, y el broche de oro "kitsch" lo pone una placa que homenajea a Rocío Dúrcal, proclamada "patrona de los camioneros". Año 1964, todo muy ye-yé.

Si pretendemos bajar Somosierra en dirección Segovia, tendremos que volver sobre nuestros pasos, ya que la carretera muere al cabo de unos kilómetros. Es un fósil de otro tiempo, paradigma de aquellas vías radiales con carril de aceleración, curvas escalofriantes y eternas cuestas que ponían los frenos al rojo vivo. Si el asfalto hablara, contaría los terribles accidentes que se han producido aquí... Uno de ellos se cobró tres víctimas, pero solo se enterraron dos ataúdes.


La madrugada del 26 de junio de 1986, un tráiler cargado de ácido sulfúrico se quedó sin frenos mientras bajaba las curvas de Somosierra; desbocado, invadió el carril contrario y colisionó con otro camión que subía en sentido contrario. La cuba de ácido se rompió, desparramándose por la calzada. Los equipos de emergencia rescataron dos cadáveres de la cabina: el matrimonio formado por Andrés Martínez y Carmen Gómez.

La sorpresa vino cuando comunicaron el terrible suceso a un familiar, y éste les preguntó...

-Y su hijo, Juan Pedro... ¿cómo está?

Pues, sencillamente, no estaba. Ni en la cabina, ni en las inmediaciones. La Guardia Civil reconstruyó el recorrido del camión, confirmando que efectuó la última parada en un mesón de Cabanillas de la Sierra (Madrid). El camarero recordava al matrimonio, que efectivamente iba con un chaval "de unos diez años, completamente vestido de rojo”. El disco del tacógrafo indicó que entre Cabanillas y el lugar del accidente -40 kilómetros-, el camión paró hasta en doce ocasiones. Estos son los hechos, y lo que se diga a partir de este punto son teorías, algunas de ellas explotadas hasta la saciedad por investigadores de lo oculto, videntes y charlatanes varios.
La opción más plausible es que el chico se hubiera "volatilizado" por la acción del ácido, pero hay quien mantiene que habría quedado algún resto orgánico. Las inexplicables paradas del camión también alimentan la hipótesis de un secuestro, pero no hay ningún indicio que arroje luz en este asunto.

Aun hoy, no se ha disuelto toda la cal que en su día se vertió para contener los efectos del ácido.

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