martes, 26 de enero de 2016

Función teatral en el concesionario

Se abre el telón. En un concesionario de cierta marca puntera, dos tipos estaban hablando cada uno en su lado de la mesa: un vendedor con pocas ganas de vender una moto de 18.000 euros… y un comprador que tampoco estaba demasiado motivado, todo hay que decirlo.

-“¿Y no contemplas hacerme  alguna oferta que no pueda rechazar…?”
-“¡Uy, si estas motos casi no me dejan margen comercial!… A ver, que te lo sumo todo… Según precio tarifa, la moto son 17.700, más el impuesto de matriculación… me decías que la querías con caballete central, ¿verdad? Pues son 200, más 200 de los puños calefactables… cuenta unos 18.300”.

Patapám. Ahora que la cifra está sobre la mesa, supongo que ha llegado ese momento de la representación en que el vendedor pondrá cara de “oh dios, debo haberme vuelto loco por lo que voy a decir”, y rebajarme ni que fuera un miserable uno por ciento, o lo que es lo mismo, el precio del puto caballete central. Nada. Ni eso. El tipo mantiene impávido mi mirada, y rompe el silencio diciendo que “tenemos diversas opciones de financiación”… Os aseguro que, si estuvierais viendo la escena como espectadores, pensaríais que aquel concesionario vendía cada día cincuenta motos de tres millones de pesetas.

Por aquel entonces, no tenía intención de vender a Eloise, mi Varadero, pero de vez en cuando me gusta tantear el mercado para conocer mis límites el día que se materialice el relevo… Es económicamente complicado poner 18.000 euros encima de la mesa para comprar un descomunal maxi-transatlántico, pero aun así, me acerco la miel de lo prohibido hasta la comisura de los labios para poner a prueba mi autodominio... y la paciencia de Isabel. Y aquí estoy, representando una función teatral en aquel rutilante concesionario que olía a moqueta nueva, y donde las motos expuestas se iluminaban con focos de alta intensidad.

El vendedor teclea en su ordenador, y cinco minutos después me imprime la simulación de financiación… Con esto se da por finalizado el primer acto, y si hasta ahora la situación se antojaba cansina, lo peor estaba por llegar:

-“¿Valorarías mi moto como parte del pago?”

Casi no he acabado la frase, y el vendedor ya estaba elevando una mirada de misericordia hacia su dios de los cielos: -“bufff… tampoco trasteamos mucho en motos de segunda mano… el mercado está muy devaluado… bueno va, echémosle un vistazo…”.

Eloise está en la puerta del concesionario, preciosa bajo aquel sol vespertino, sin una mota de polvo, neumáticos nuevos y aceite limpio… pero el vendedor no se ablanda, y sigue en su papel apocalíptico:

-“Nchts,, es que este modelo ya no se fabrica… pfff… Aquí tiene una rayadita… ah no perdona, es un reflejo del sol pfff… ¿cuántos kilómetros dices que tiene? ¿¿120.000?? ppffffffffffffff… ya ya, tienes todas las facturas desde el día que la compraste, pero eso no lo mirará el comprador…”.

Finalmente, hace venir a un mecánico para que le haga una breve prueba dinámica, y me quedo un rato a solas mientras el vendedor se escabulle en su despacho “para hablar con el tasador”. Dicho esto, cerró la puerta con el recato de un cura ocupando su puesto en un confesionario.

Unos minutos después, el vendedor vuelve a entrar en escena, jugueteando con un papelito en el que de hecho no hay nada escrito:

-“Mira, el problema principal es el kilometraje… ya, ya sé que esta moto tiene su nicho de mercado, pero claro la gente quiere comprar de ocasión como si fuera nueva, y blablabla…”. Os ahorraré el resto del diálogo, que básicamente entró en un bucle. Finalmente, me acabó ofreciendo una cifra de tasación que yo ya presuponía a la baja, pero aquello fue, sencillamente, una falta de respeto.

No es ni mucho menos la primera vez que trato con un compraventa, y ese discurso victimista es una canción ya he oído demasiadas veces… ¿Tanto cuesta estimar un precio de venta, restar costes de puesta a punto, gestoría y margen comercial, y dar una cifra? Pues parece que sí, y todos estamos condenados a representar una obra de teatro para conseguir el máximo margen económico. En mi país de fantasía, a eso lo llamaríamos seriedad.

Lo mejor de aquella visita al concesionario fue la opinión del mecánico, eso sí en voz baja para que no la oyera el vendedor:

-“Esta moto dará guerra muchos kilómetros más”.

5 comentarios:

  1. ... lo dijo el mecánico... Eloise dará guerra muchos kilómetros mas :)

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    1. Y eso que el mecánico no te conocía! (creo) :-D
      Un abrazo, trotamundos!

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  2. Que bueno Manel, fiel reflejo de lo que nos está pasando a nosotros.
    Algunos muy enrollados pero que no aflojan ese margen, otros haciendo su papel, si venden bien y sino, también y otros que para tasar una moto se pasan una semana y al final te dan un precio irrisorio, claro luego ellos se llevan su margen por la venta.
    En fin, que te voy a contar....... veremos como acaba.

    Saludos

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    1. Ya os leo muy "probadores", últimamente... Sigo esperando esa campanada en forma de nueva burra.
      Por cierto, aún no había entrado a fondo en vuestra nueva web,qué jóvenes éramos hace trece años jejeje... Gracias por el seguimiento, saludos y buena ruta!

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    2. Si, creemos que es el momento de hacer el cambio. Así de claro, si la elegida hubiera sido Bmw ya tendríamos nueva burra pero estos de Triumph les cuesta soltar prenda.
      Gracias por echar una ojeada, hay cosas que arreglar debido a un cambio de dominio pero bueno, me gustaría tener más tiempo.
      Jóvenes pero si aún somos jóvenes, je,je.
      Abrazos.

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