jueves, 25 de agosto de 2016

Viaducto Martín Gil y presa de Ricobayo



Las ciudades de Zamora y La Coruña están unidas por una línea de ferrocarril de planteamiento humilde (vía única y sin electrificar), pero de construcción compleja debido a la orografía del terreno. Proyectada en el siglo XIX, las obras no se iniciaron hasta la primera mitad del siglo XX, gracias al “plan Guadalhorce” de la dictadura de Primo de Rivera, que pretendía llevar el ferrocarril hasta las zonas más despobladas del país.

Uno de los obstáculos más difíciles de la obra era franquear el embalse de Ricobayo, también en construcción. La solución más sencilla era dar un rodeo de 60 kilómetros, pero la pérdida de rentabilidad y tiempo hizo tomar la "solución difícil", un gran viaducto que aún hoy provoca admiración entre los ingenieros.

Faraónico en su época, el viaducto mediría 479 metros de longitud, 84 metros de altura, y con el arco hormigonado más grande del mundo: casi 200 metros de luz. El proyecto fue desarrollado por el ingeniero Francisco Martín Gil, que no llegó a ver su obra acabada, ya que murió en 1.934. Una orden ministerial de 1.935 proclamó que, cuando fuera inaugurado, el viaducto llevaría su nombre.

fuente: cehopu.cedex.es
La Guerra Civil paralizó las obras, que se reanudaron a su finalización pese a la precariedad económica del país. En 1.943, el Franco inauguró el viaducto, aunque todavía debieron pasar otros diez años para ver circular trenes de manera efectiva.

En octubre de 1.964, un tren mercancías cargado de material pirotécnico explotó cuando atravesaba el viaducto; ocho vagones cayeron al río, pero milagrosamente, el resto del convoy y la locomotora no descarrilaron. Murió un mozo ferroviario. Las obras de rescate fueron sumamente complejas, y no fue posible recuperar todos los vagones; aún hoy, cuando el nivel del embalse está bajo, afloran a la superficie los esqueletos de los vagones que se quedaron allí para siempre.

Fuente: en la foto

fuente: laopiniondezamora.es
Es posible acercarse hasta el viaducto desde cualquiera de sus dos orillas, aunque el paseo es largo, e inevitablemente deberá acabarse a pie.
Cerca del viaducto está la presa de Ricobayo, la primera que contiene los diferentes “saltos” del río Duero entre Portugal y España. Un monumento recuerda al primer ingeniero responsable de los saltos del Duero, José Orbegozo Goróstegui.

Una vez inaugurada la presa, en 1.935, se descubrió que la fuerza del agua vertida por el aliviadero provocaba un agujero en el lecho del río, que con el tiempo se profundizó hasta los cien metros de profundidad. La seguridad de la presa no se vio comprometida, pero aquel incidente sirvió para rediseñar los protocolos de construcción de presas.

Saludos y buena ruta!

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