domingo, 24 de diciembre de 2017

Algo así como una felicitación



Esta crónica va dirigida a aquellas personas que, año tras año, se ven inmersas en una especie de locura colectiva que empieza a principios de diciembre, y no acaba hasta el 7 de enero. Ciudadanos de orden que, durante este periodo de tiempo, nos volvemos antisistema. Si la vida es un coro de bailarines con maracas y camisas hawaianas, nosotros rompemos la formación para inventar nuevas coreografías ante las miradas de reproche de nuestros coetáneos. Outsiders. Disidentes.

El cierre del año es un buen momento para hacer balance de lo vivido, y de cómo lo hemos vivido: salud, relaciones, economía… Amigo, ¿tienes la sartén cogida por el mango? ¿Estamos siendo dignos de vivir esta vida que nos ha sido regalada? ¿Hay algún parámetro que deba corregirse? Son preguntas retóricas, pero voy a responder porque, a no ser que seas la puta perfección hecha carne, también estaré respondiendo por ti: por supuesto que siempre hay algo que corregir, y quien diga lo contrario es un conformista, adjetivo amable para definir a un derrotista.

Así que, si no queremos llegar al año que viene haciéndonos las mismas preguntas, pongámonos manos a la obra para resolverlo: cambia de trabajo, o reinvéntate en el que tienes, saca la bicicleta del trastero, quema banderas, asume tus achaques apretando los dientes –todos acabaremos en el hoyo, hagámoslo como héroes-, viaja lejos, dile que le quieres, acepta que te estás quedando calvo, apaga la tele, hazte ateo o métete en una secta, adopta una mascota, mete en la mochila una muda, desodorante y cepillo de dientes, y tómate un par de días libres…

Vivamos, amigos. Eso es lo que os deseo. Con plenitud, mente clara, amor y respeto. Que cada día tenga ni que sea un momentito de alegría. Os lo deseo cada día del año, del uno de enero al 31 de diciembre.

Y ya está. No tengo hijos para ser cómplice de la mascarada, tampoco soy creyente, así que no quiero saber nada de gordinflones vestidos de rojo, leyendas urbanas religiosas, pesebres (exceptuando los caganers), o colas histéricas en el centro comercial.

Y los villancicos son una mierda.

6 comentarios:

  1. :D

    https://www.youtube.com/watch?time_continue=63&v=g80qgCX5qPc

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    1. Alguien tenía que cantarlo... Gracias por el enlace, Koper!! ... y feliz navidad, o lo que sea :-D

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  2. Una auténtica hipocresía. Para mí éstas fiestas tengo la suerte de poder disfrutarlas de verdad, haciendo lo que más me apetece: cogemos coche cargado hasta arriba hasta con los perritos y moto , porque vamos siempre a la costa granadina a disfrutar de sol, gaviotas, paseos, buenas rutas y alegría. Yo, que puedo en éstas fechas, que no cenamos nada especial en nochebuena ni salimos en nochevieja, sino que disfrutamos de unos días de vacaciones.... sin navidad. Y claro, los Villancicos son una mierda. V´ssssssssss

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    1. Hay que ser respetuoso con los que encaran las navidades a su manera, pero... ¡vuestro plan me encanta! Un abrazo y, ya sabes, felices blablablá :-D

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  3. Como siempre, tus palabras destilan sabiduría.
    Muy buenos consejos. Especialmente el que se refiere a lo de aceptar la calvicie.
    Es lo que nos toca. :-)
    A ver si para este año cae alguna visita sorpresa a las tierras mañas y podemos vernos.
    Un abrazo enorme!

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    1. Así sea Jesús! (lo de la visita, no lo de la calvicie jejejeee). Abrazos de vuelta, hasta pronto!

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