domingo, 4 de marzo de 2018

Ossera, el pueblo de los artesanos


En 1978, un grupo heterogéneo de personas que la gente de orden llamaban “hippies”, se instalaron en Ossera, pueblo prácticamente abandonado y situado en la sierra catalana del Port del Compte. En su época de mayor esplendor, durante el siglo XIX, Ossera tenía más de un centenar de vecinos  dedicados al oficio de “trementinaire” -ungüento de resina que curaba dolencias-, la tala de árboles o el pastoreo, pero cuando llegaron los primeros “neorurales”, sólo quedaba una familia.

Los recién llegados eran fundamentalmente de Barcelona y su área metropolitana, pero también habían suizos, holandeses, algún americano… muchos de ellos se dedicaron a explotar sus habilidades artísticas para ganar ese dinero que, por muy idealista que uno sea, es imprescindible para comprar aquello que el trueque no puede conseguir. Ossera no tardó mucho en conocerse como el “pueblo de los artesanos”.




Una de las primeras en llegar fue Núria Rosell. Con 23 años, el diploma de magisterio bajo el brazo y la cabeza llena de ideas libres, se instaló con su marido en una casa sin agua corriente ni ventanas. Tras unos inicios haciendo un poco de todo, decidieron “profesionalizar” su hobby de coger moras en verano para hacer mermeladas en invierno; hoy, ya ofrecen más de 80 variedades, algunas aptas para celíacos o diabéticos.
Núria Rosell (fuente: ara.cat)
 Jaume Rovira llegó poco después; es un hombre multitareas que empezó haciendo de todo, especialmente ayudar a reconstruir casas para los recién llegados (le llaman “el pintor buenazo”). Hoy, expone cuadros y objetos pintados en su casa de Ossera, y también en alguna galería de fuera del valle.

Jaume Rovira (fuente: ara.cat)
La suiza Suzette Böhringer (“no me llaméis hippy, mejor “anticonsumista”) y su marido regentan una herboristería (el patio de su casa es un pequeño jardín botánico), donde incluso imparten cursos. También han adecentado otra casa para ofrecer alojamiento rural.
Suzette Böhringer (fuente: ara.cat)
Y así hasta 25 habitantes censados, todos ellos con muchas historias a sus espaldas: el veterano de Vietnam, la ex­-alumna de un colegio de monjas de la España franquista, el hippy de manual…

Los últimos en llegar a Ossera han sido Mercè i Raül, otra pareja de ciudad que cambiaron radicalmente su vida para dedicarse también a la producción de quesos… con evidente éxito, como lo demuestran diversos premios ganados.
Mercè Lagrava y Raúl Alcaraz (fuente: ara.cat)
Ossera no es lugar de paso, hay que venir expresamente y no está cerca de ningún lado, así que ya tienes otra buena excusa para recorrer la sierra del Cadí y sus bellísimos parajes de alta montaña. 



Saludos y buena ruta!

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