martes, 30 de octubre de 2018

El fondo y las formas

Durante estos días, las redes sociales han centrado su foco viral en una campaña recién lanzada por la Asociación para la Promoción del Transporte Público (PTP), y más concretamente, en una ilustración que muestra a dos jóvenes conductores –uno de motocicleta, el otro de coche-, magullados y encabestrillados, junto a dos risueños usuarios del transporte público. El título de la ilustración, por si alguien no ha captado la moraleja, es “Más seguridad viaria contra los accidentes”.

El impacto entre el colectivo motorista ha sido instantáneo, sintiéndonos juzgados y condenados por un creativo publicitario que ha utilizado frívolamente la imagen de unos tipos que, por no coger el autobús, sufrieron en sus carnes el martirio divino, sin pararse a pensar que la gran mayoría de motoristas sabemos, conocemos de cerca o hemos padecido en propia piel el trauma que supone sufrir un accidente de tráfico. Los llamamientos a boicotear esta campaña han sido unánimes y de sal tuitera gruesa, centrando el contraataque en un transporte público incómodo, impuntual, masificado, caro y no exento de sus propios accidentes (que también los ha habido), y ya de paso, aprovechan para pedir “barra libre” en los carriles-bus, o poder aparcar en las aceras… Personalmente, todo esto me parecen excusas para tirar balones fuera, y ninguna de ellas me vale para rebatir esta campaña.

Porque, amigos, la verdad impepinable es que nos caemos de las motos; a veces nos tiran, como aquel bastardo homicida del otro día en el Prat de Llobregat, pero la mayoría de veces nos lo buscamos nosotros solos, sin la ayuda de terceros. Algunos motoristas buscan enemigos externos para sacudirse las culpas –generalmente carreteras en mal estado-, pero la realidad es otra, por más que sea de justicia pedir un buen mantenimiento de nuestras vías y unos guardarraíles protegidos de una puñetera vez por todas.

Tiempo atrás, cuando servía en Tráfico, la curiosidad me llevó a recopilar atestados con motos implicadas durante aquel año, y el resultado fue demoledor: efectivamente, una “Harley” volcó por culpa de un bache, otro pobre hombre tuvo un infarto mientras circulaba a cien kilómetros por hora, y un puto borracho penal invadió el carril contrario para destrozar a un motorista que no tuvo ninguna posibilidad de hacer una maniobra evasiva; también recuerdo una caída por la irrupción de un perro, y la colisión contra una roca desprendida… ¿Os cuento el ochenta por ciento restante? Fundamentalmente, salidas de vía por falta de pericia y/o exceso de velocidad, y bueno, a efectos de anécdota, un idiota que, haciendo un caballito, dejó a su novia tirada de culo en medio de la carretera.

Los que entendemos la moto como esa máquina “humanizada” con la que somos más felices cuanto más kilómetros hacemos, hemos sido testigos de payasadas que nos han hecho exclamar cosas del calibre “ese individuo no representa a mi colectivo”, pero a la vez también hemos sido verdugos, calentándonos la sangre en aquellos tramos secundarios de curvas entrelazadas: en esto de pilotar no conozco a nadie tan Don Perfecto como para refregarnos su santidad y tirar la primera piedra. Y conozco a muchos moteros.

Asumo que la motocicleta es el medio de transporte porcentualmente más peligroso que existe, pero también asumo que si nuestro pilotaje es responsable, tenemos casi todos los números para disfrutar un día de moto con cero incidencias. Y más importante aún, asumo que prescindir de la alegría del movimiento dinámico, los amigos en ruta y los olores de los lugares no es una opción. Supongo que por eso nos sentimos tan diferentes de ellos y tan próximos entre nosotros, un puñado de locos (el 10% de lo que se mueve en nuestras carreteras) que desoímos a nuestro instinto de conservación, porque vivir la vida con plenitud tiene ese precio, y hemos decidido pagarlo.

Nos pongamos como nos pongamos, el fondo de la campaña de la PTP no admite discusión, pero sí las formas: me parece un recurso miserable ensalzarse a costa de la humillación o el padecimiento del rival, vecino o como quiera llamarse. Señores de la PTP, hablad maravillas de los tranvías, autobuses o trenes, ojalá os escuchen antes de que acabemos de envenenar el aire que respiramos, pero dejad en paz a los motoristas. Ya somos mayorcitos y conocemos nuestros riesgos.

2 comentarios:

  1. Hola Manel, hace mucho tiempo que te leo, solo quería felicitarte por tu aporte, creo que es una visión muy acertada de la auto-critica que tenemos que hacernos los moteros.

    Yo soy feliz cuando vuelvo a casa después de salir en moto y hago un repaso mental de donde se me ha ido la mano o me he puesto en peligro y veo que en ningun sitio.

    Sobre los carteles más demagogia tirando de estereotipos como siempre.

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    1. Muchas gracias por el seguimiento, y sobre todo, no perdamos esa buena costumbre de volver a casa enteros y felices!

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