domingo, 11 de febrero de 2018

C-462, la carretera del Cadí



La historia de la carretera C-462 se puede considerar reciente, ya que la parte más “excitante” del recorrido existe desde hace poco más de veinte años; el resto de la vía son anónimos retales secundarios que comunican pueblos de la sierra del Cadí, muchos de ellos habitados por tantas personas como dedos tienes en las manos.

Todo empezó a cambiar allá por los años 90, coincidiendo con la construcción del embalse de la Llosa del Cavall: encajonado en un anónimo valle de la sierra de Busa, fue necesario construir una carretera para que ingenieros y operarios pudieran acceder hasta las obras de la presa.

La “inauguración” del pantano aconteció en 1997, sin fanfarria ni cortes de cinta: la central hidroeléctrica que debía convertir la fuerza del agua en kilovatios nunca llegó a instalarse, pese a que el diseño de la presa así lo preveía. Nadie supo dar una razón para explicar este paso atrás. A día de hoy, el pantano de la Llosa es un monumental “contenedor” de agua del río Cardener, y también sitio de recreo para piragüistas, pescadores y amantes del turismo de paisajes.

Pero volvamos a la carretera; como apuntaba antes, se construyó expresamente para las obras de la presa, por lo que su titularidad era privada: pese a ello, los gestores del pantano nunca pusieron trabas para que los vecinos pudieran utilizarla casi desde el primer día, y así evitar la retorcida y parcheada LV-4241.

En el año 2001 se reordenó toda la nomenclatura de carreteras que no dependían del Estado; cada autonomía generó sus propios códigos para denominar las vías, y la C-462 se convirtió en una realidad "sin cortes" que unía las comarcas del Alt Urgell y el Solsonès… Pero antes de que eso pasara, muchos motoristas conocíamos esta "carretera sin nombre" que parecía diseñada a imagen y semejanza de un circuito.
La ruta empieza en Solsona; con algo menos de 9000 habitantes, es el motor económico y social de la zona. Tiene su propia sede episcopal: el obispo Vicente Enrique Tarancón ejerció aquí durante la posguerra. Merece la pena perderse por las calles del barrio antiguo, muy bien conservado.

Saliendo del municipio por la C-26, dirección Berga, en menos de un minuto llegamos al desvío de la C-462, el “kilómetro cero”. De manera paulatina, iremos ganando altura, primero flanqueados por campos de cultivo, más tarde sumergidos en un bosque que nos observa, pero no nos engulle. El asfalto se retuerce en curvas de radio perfecto para permitir tumbadas fotogénicas.

A la altura del kilómetro 13, un túnel excavado en la roca nos deposita en la coronación de la presa. En ambos extremos hay apartaderos para contemplar el paisaje. Hacia el sur, el río Cardener se aleja encajonado en el valle, y hacia el norte, el embalse muestra su majestuosidad; a nuestra izquierda tenemos la “loma de Lord”, y sobre ella, el santuario del mismo nombre, únicamente accesible a pie.



Más allá de la presa, un túnel indica el recorrido más fotogénico de la carretera, siempre jugando entre los bordes del agua y las paredes de la sierra. Allá donde la orografía se pone difícil, hay un túnel o un viaducto para seguir adelante.

En el kilómetro 33, está el pueblo de Sant Llorenç de Morunys, cuya población de 300 habitantes se ve multiplicada en invierno a causa de la proximidad de las estaciones de esquí de Port del Compte y Tuixent.
La carretera remonta de manera decidida, perdiendo calidad y anchura del asfalto, y también en cierta manera la “diversión” del pilotaje: toca sosegar el ritmo y disfrutar de los soberbios paisajes de la alta montaña tradicional. A media subida está el nacimiento del río Cardener, otro buen lugar para descansar y saciar nuestra sed, si se tercia.
En el kilómetro 41, y después de haber trazado unas cuantas de esas curvas que los italianos llaman “tornanti”, llegamos a la altura máxima, el “coll de Port” (1668 msnm); partición entre las sierras del Port del Compte y el serrat de la Sella, fue lugar estratégico en tiempos medievales. Hoy, las infraestructuras modernas discurren por otros valles, y por el coll de Port sólo transitan ciclistas que no quieren sustos con los coches, o deportistas invernales que suben a la estación de esquí de Tuixent. A pie de carretera, un refugio-restaurante nos puede ser útil para reponer energías.



La cara norte de la sierra del Cadí muestra su cara más abrupta. Entramos en la comarca del Alt Urgell, pequeños pueblos se diseminan aquí y allá. La carretera pide ser recorrida con calma, sin perder de vista los pequeños desprendimientos de rocas que probablemente encontraremos en el asfalto.

El primer pueblo de la bajada es Tuixent, hoy anónimo si no fuera por la estación de esquí, y eminentemente agrícola. Nadie diría que aquí se vivieron tiempos de asedio, destrucción y muerte en el siglo XIX, durante la guerra de la regencia de Urgell primero, y la guerra carlina después.

Tras dejar atrás Cornellana, Fórnols y Adraén, llegamos al mirador de la Trava, también llamado del Sot de Pregona, donde además de admirar las rocas de tierra roja que caracterizan esta zona del Cadí, podremos contemplar buena parte de la comarca, la población de la Seu d’Urgell, y más al fondo, el Pirineo andorrano.

Fórnols
Mirador la Trava
Mirador la Trava
Mirador la Trava
Adraén
El descenso nos lleva hasta el kilómetro 88, donde un puente sobre el río Segre (el “pont de la Palanca”) facilita el acceso a la Seu d’Urgell, capital de la comarca, con un gran dinamismo social y cultural… y algunas historias “fronterizas” de contrabando que no aparecen en las guías turísticas. La catedral de Santa María d’Urgell es la única íntegramente románica que hay en Cataluña.

El Ges
La Seu d'Urgell
Aquí finaliza esta ruta, que puede ser "excusa" para recorrerla por sí sola, o bien un punto y seguido para seguir recorriendo el Pirineo… Saludos y buena ruta!

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