martes, 27 de julio de 2021

La memoria de las flores

 En nuestro país hay un asunto que, visto desde más allá de nuestra burbuja, provoca desconcierto y reprobación: España es el segundo país del mundo con más cuerpos enterrados en fosas anónimas. Según estimaciones oficiales, más de 120.000 cadáveres se diseminan en 2.591 fosas.

Hay una determinada facción ideológica que justifica de manera más o menos vehemente la dictadura franquista, y bajo el pretexto de “no remover el pasado” niega a los descendientes de aquellos fusilados la obligación moral de proporcionarles una sepultura digna. En las antípodas de esa actitud, los grandes cementerios alemanes de Normandía acogen a decenas de miles de soldados que combatieron bajo la bandera del fascismo, unos por convicción y otros por obligación.

Esta es la historia de María Martín López, hija de Mariano y Faustina, residentes en la localidad abulense de Pedro Bernardo. En 1936, contando la pequeña María seis años, unos individuos irrumpieron en su hogar y se llevaron a Faustina por no pagar un impuesto de mil pesetas en beneficio de La Falange; fue rapada al cero y paseada a modo de escarnio por el pueblo. Dos días después, Faustina, otra mujer y veintisiete hombres fueron llevados hasta la carretera de Lanzahíta, donde fueron fusilados y enterrados en una zanja.

Consumado el asesinato, los sublevados apresaron a Mariano; el recién enviudado salvó la vida porque su patrón intercedió rogando clemencia. Mariano ingresó en prisión y María fue internada en un hospicio de monjas, donde su condición de “hija de rojos” le valió recibir un trato humillante, siendo obligada a comer guindillas con aceite de ricino para “purgar sus pecados”.

Años más tarde, María se casó. El primer hijo que tuvo le fue sustraído en el hospital: “me dijeron que había muerto, pero nunca hubo ningún documento ni funeral”, dijo.

Mariano murió en 1977 sin que fueran atendidas sus súplicas para exhumar a su esposa, es más, le conminaron a que “dejara de molestar, no fuera a correr la misma suerte que ella”. Fallecido el padre, María continuó la reivindicación. Aunque era tabú hablar de ello, todo el pueblo conocía el paradero de aquella fosa.

A todo ello, la vida continuaba en Pedro Bernardo. María siguió viviendo en obligada vecindad con los que arrebataron la vida de su madre, paradigma de lo inamovible que puede llegar a ser la vida rural. Al contrario de lo que hicieron con ella, María se guardó de señalar públicamente a los descendientes de aquellos asesinos al considerar que las nuevas generaciones eran “inocentes” de lo que habían hecho sus ancestros. En 1986 se declaró un pavoroso incendio forestal en el valle del Tiétar que calcinó 5.000 hectáreas, parte de ellas en el término municipal de Pedro Bernardo; algunas familias tuvieron que ser desalojadas, y María abrió su hogar a los hijos de uno de los verdugos de su madre.

Ya en plena democracia, la carretera de Lanzahíta fue repavimentada y ligeramente reformada para suavizar los ángulos de algunas curvas; el nuevo trazado sepultaba completamente la fosa. Por más que María se desgañitó en pedir que se exhumaran los cuerpos, las obras se llevaron a cabo. A partir de entonces, María se desplazó con terca regularidad hasta aquel punto preciso de la carretera para atar unas flores frescas en la valla quitamiedos. No dejó de hacerlo ni siquiera cuando necesitó un andador para desplazarse. De vez en cuando, aquellas flores desaparecían porque alguien se las llevaba con nocturnidad.



En 2011, María Martín fue la primera descendiente de represaliados que declaró como testigo en un tribunal: de manera paradójica, el acusado era el juez Baltasar Garzón, y su delito, abrir una investigación relativa a los crímenes del franquismo. María escribió cartas al Rey Juan Carlos, diversos presidentes autonómicos, del Gobierno y varios jueces. Aunque ninguno solucionó sus peticiones, todos respondieron, con una sola excepción: la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre.

Resulta sorprendente descubrir la implacable determinación y humanidad contenida en la menuda figura de María Martín López. Su voz se extinguió definitivamente el 23 de julio de 2014 en el cercano pueblo de Buenaventura.

Acercarse al valle del Tiétar es un privilegio por sus estimulantes carreteras como la del puerto del Pico, unos pueblos de arquitectura tradicional y un clima suavizado  por el resguardo de la sierra de Gredos. La población de Pedro Bernardo se desparrama por la ladera de la sierra, ganándose así la coletilla turística de “balcón del Tiétar”. El visitante tendrá motivos más que justificados para disfrutar de una agradable estancia, y si circula por la carretera entre Piedralaves y Lanzahíta, a siete kilómetros del pueblo, seguramente no reparará en el enésimo ramo de flores atado a la bionda: “otro muerto en accidente de tráfico”, pensará con toda probabilidad…

Años después de su fallecimiento, alguien sigue considerando necesario mantener el ritual de María.


carretera antigua, se le superpone el trazado modificado

Pedro Bernardo


Texto: Manel Kaizen

Título y fotos: Quique Arenas

Foto de María Martín extraída del documental "el silencio de otros", dirigido por Almudena Carracedo y Robert Bahar. Productora: El Deseo.


domingo, 25 de octubre de 2020

Botas Falco Marshall


En el mundo de las motos, las llamadas “trail” –y muy especialmente las “maxitrail”- se pueden asimilar a lo que en el argot automovilístico serían “SUV”, es decir, vehículos que valen un poco para todo sin que destaquen en nada. De manera paralela, hay que proporcionar accesorios y vestimenta que evoquen (y a la práctica permitan) una utilización aventurera a estos vehículos: neumáticos mixtos, ropa y cascos con mayor holgura... y botas, por supuesto. Las Falco Marshall están plenamente integradas en esta filosofía, haciendo su interpretación de lo debería ser un calzado con un pie –nunca mejor dicho- en el asfalto, y otro en la tierra.

El fabricante Falco, que lleva más de dos décadas haciendo exclusivamente calzado motociclista desde su sede en el norte de Italia, separa su gama en asfalto, carretera, urbano, específicamente femenino... y lo que ellos llaman “Adventure Tour”, que incluye las mencionadas Marshall. Son botas de caña media, en cuero a elegir entre negro y marrón, un cierre por velcro, otro por hebilla micrométrica de aluminio (concesión obligada a la estética campera), protección específica de tobillo, una suela de doble goma reforzada y unos fuelles para aumentar su flexibilidad. La estética es muy subjetiva, pero a mí me ha parecido elegante por su escasa estridencia.

La primera sorpresa viene al calzarse las botas: en mi caso, la adaptación fue instantánea, con una comodidad fuera de lo común en unas botas de cuero plagadas de elementos rígidos de protección. La media caña hace que no haya “agobios”, y la hebilla micrométrica es, me temo, más estética que funcional. Las Marshall permiten caminar con total normalidad.

Ya metidos en faena, su impermeabilidad quedó más que certificada tras rodar bajo un implacable aguacero; el reverso de la moneda es que estas botas son muy calurosas para el verano ibérico y al pie le cuesta “respirar”... La suela es generosa en agarre, pero eché de menos tener más relieve en el puente de la planta del pie, precisamente la zona que presiona la estribera.

Resumiendo, esta bota está a años luz de la protección que te proporciona una bota de enduro, es básicamente una bota de carretera con ínfulas guerreras, de suela generosamente estriada y que permite caminar por aquellos “senderos de la ermita” en los que la moto no cabe. Lo dicho, una bota SUV para una moto SUV. 

jueves, 25 de abril de 2019

"Vive la moto" 2019


Imaginad que, cada dos años, un precioso cometa se dejara ver en el firmamento, y miles de telescopios lo enfocasen para disfrutar de su fugaz presencia antes de desaparecer otros dos años… Pues eso es lo que ha sucedido con el salón de la moto de Barcelona (antiguo “Motoh!”, ahora rebautizado como “Vive la Moto”), que de manera bianual acude a su cita en la ciudad con mayor número de motos por habitante de Europa, y donde el 49% de los desplazamientos urbanos se efectúan con este tipo de vehículo.

La órbita de un cometa es inamovible, pero no la organización de un salón de la moto, así que,  ¿Para qué nos hacen esperar dos años, en vez de chutarnos una dosis anual? Los caminos del marketing son inescrutables, y sus motivos tendrán para ello… Sea como sea, la sociedad motociclista tiene hambre de novedades, y este año han sido más de 35.000 los asistentes, nuevo techo histórico.

VLM 2019 ha subido el listón en todos los aspectos respecto a la edición 2017: más marcas expuestas (la organización dice que 400), 50 novedades -incluida la Triumph Thruxton TFC, primicia mundial-, más superficie de exposición, más actividades… Más de todo en un salón que se apoya en tres pilares: la exposición comercial del sector, las actividades para los usuarios y los encuentros profesionales, todo ello bajo el paraguas de ANESDOR, en el único evento que promueven de manera directa. ¡Vamos allá!

Benelli sigue sumando ventas sin hacer ruido, pero con paso firme gracias a lo que da y lo que cuestan. Hasta Barcelona trajeron su “retro” Imperiale, y el resto de una gama que ya no es novedad, pero sigue haciendo arquear cejas, TRK y Leoncino principalmente.



BMW tiró de galones para montar su típico e impoluto stand, alfombras incluidas para sus modelos más venerables. Aparte de sus habituales buques insignia, se exponía el nuevo scooter C400X; además, y como en todos los stands, un pequeño ejército de vendedores se encargaba de cerrar tratos sobre el terreno, los “descuentos de salón” son a veces el empujoncito definitivo para volver a casa con moto nueva.

Sin novedad en el stand de Ducati, aparte de exhibir la Panigale V4S Corse, réplica matriculable de la MotoGP. Los italianos tienen una gama plenamente consolidada, y este está siendo un año de tomar aire y recoger los frutos de una frenética renovación de gama.

FB Mondial, una de las marcas que más cuida la calidad y el diseño aplicado a motos “molonas” de baja cilindrada, trajo las evocadoras Flat Track y Pagani, siempre equipadas con el motor Piaggio de 125cc que tan buen rendimiento les está dando.

Harley-Davidson ha tenido stands mucho más elaborados que el visto este año en Barcelona, o bien el del 2017 fue la monda y éste ha sabido a poco; eso sí, mostraba los modelos participantes en el concurso de personalización “Battle of the Kings”, y la nueva FXDR 114, reencarnación de la difunta V-Rod.

Kawasaki ha dado la campanada, y confirmando lo ya visto en Milán, ha resucitado la W800 dos años después de haber sido “enterrada” con honores de estado… Eso sí, convenientemente actualizada a nivel de mecánica, pero sin perder un ápice de su indudable estilo “retro” sin trazas de “neo”.


El protagonismo único de Moto Guzzi fue la esperada V85TT, “trail” en la que la marca tiene depositadas muchas esperanzas: su precio equilibrado y una estética evocadora tendrán mucho que ver en ello.

Definitivamente, Norton ha vuelto para quedarse, y además con unos modelos –más bien piezas de orfebrería- que están sobradamente a la altura de su nombre, echad un vistazo a las deportivas VR, la Dominator o las “scrambler” Atlas.


Suzuki paseó una vez más su Katana, y Triumph presentó en exclusiva mundial una versión de la Thruxton, apellidada TFC (“Triumph Factory Custom”). Será el primero de varios modelos que llevarán esta exquisitez de la personalización. También se puede considerar novedad la Scrambler 1200, por cierto probada por este que os escribe, y que me dejó achicharrada la rodilla derecha por un inexplicable (por deficiente) aislamiento del calor del escape.



Yamaha centró los focos en la Teneré 700, trail realmente mixta que se arriesga con un motor de 74 caballos, “suficientes” según la marca de los diapasones. Ya se puede reservar vía Internet, la empezarán a servir en verano, y no se podrá ver de manera regular en los concesionarios hasta septiembre: pocos modelos han “estirado” tanto el redoble de tambores de su presentación.


Esto ha sido a muy grandes rasgos lo visto en Barcelona; si esperabais un análisis mucho más escrupuloso de las novedades, disculpadme y miradlo en alguna otra revista, este artículo no pretendía ir por ese camino. Sin embargo, sí que me entretendré en un espacio muy concreto de este salón, demasiado pequeño y sin embargo el más cálido: el reservado a las actividades relacionadas con el mototurismo

Una gran idea a la que sólo le deseamos se le dé más espacio en futuras ediciones, visto el gran interés creado: operadores de viajes a destinos más o menos exóticos, alquiler de motos, eventos mototurísticos, y el rincón habilitado para conferencias sirvieron de imán para que un montón de sospechosos habituales convergieran en aquel espacio: Alicia Sornosa, Polo Arnáiz, Juan Carlos Toribio, PauTravel, Pedro Sidecar, Vitin OK, JAF Fernández, Raúl Sanz, Hugo Scagnetti y un largo etcétera que me van a odiar por no haberlos mencionado… Lo dicho, un auténtico “dream team” para los que hacemos de la moto algo más que una afición.





En el exterior del palacio ferial, la avenida Exposición estaba totalmente tomada por el espacio de acrobacias (un lujo ver juntos a Emilio Zamora y Narcís Roca, más los “trialeros” Jordi Pascuet y Marcel Justribó), y 200 motos de pruebas, que se revelaron insuficientes para atender la avalancha de peticionarios… Y que provocaron quejas de “ofendiditos” por el incremento del tráfico en las calles de Montjuïc.


Cierro este artículo dejando cabos sueltos: no he hablado de los “stands” de accesorios, recambios y equipamiento, ni del aparente estancamiento de novedades “enchufables” (con la gloriosa excepción de la Vespa elettrica, Super Soco, NIU y poco más), el monográfico sobre Bultaco, diversas ponencias, Pol Espargaró firmando autógrafos… Bah, hagamos una cosa: dentro de dos años, ven tú mismo a verlo y ayúdame a explicarlo.