martes, 30 de abril de 2019

BROUGH SUPERIOR SS100: en otro nivel


Confieso que no soy un fiel seguidor de las motos clásicas; por supuesto, el amor al motociclismo implica casi de manera necesaria profesar un respeto a su trayectoria industrial, evolución y calado social. Algunos apasionados –entre los que no me encuentro, insisto- podrían explicar muy detalladamente que la auténtica “motorización” de este país no empezó con el “600”, sino con un ramillete de fabricantes de motos, con y sin sidecar, marcas que en su práctica totalidad ya han desaparecido… Un país autárquico y proteccionista que vio pasar de largo marcas como Norton, Harley-Davidson o Triumph…

Brough Superior fue otra de estas marcas míticas, aunque probablemente su nombre nos suene a chino; y es que hay que estar muy metido en la movida para identificar a un fabricante británico que, de manera artesanal y completamente al gusto de sus clientes, produjo tan sólo tres mil motocicletas entre 1920 y 1940; fueron las “SS100”, también llamadas “el Rolls-Royce” de las motos. Cada unidad se ensamblaba en crudo, se probaba para que el motor diera la potencia prometida, se desmontaba, se pintaba y se volvía a montar para entregarla finalmente a su afortunado propietario. El militar Thomas E. Lawrence (llamado “Lawrence de Arabia” por sus victorias africanas durante la Primera Guerra Mundial) tuvo nada menos que siete Brough Superior, y se convirtió en el más poderoso reclamo de la marca, explicando las vertiginosas sensaciones al manillar de aquellas máquinas… De hecho, sir Lawrence murió en 1935 con las botas puestas, en un fatal accidente de tráfico a lomos de su SS100.

T.E. Lawrence hablando con George Brough, "padre" de la criatura
Todavía hoy, un millar de aquellas tres mil motos siguen entre nosotros, y se han convertido en cotizadísimos objetos de colección.

A estas alturas del reportaje, tal vez os preguntaréis para qué diablos os estoy dando la chapa con esta historia, si precisamente he empezado proclamando que las motos clásicas no son lo mío… Pues bien, resulta que, en 2013, el empresario Mark Upham “resucitó” Brough Superior, calcando al milímetro el legado original: exclusividad, distinción y un estándar de calidad situado en un nivel incomparable respecto a cualquier otra marca generalista.

La “nueva” Brough Superior se mudó de Gran Bretaña a Toulouse, en Francia. Sólo produce un modelo, que además se llama igual que su antecesora: SS100. Se desdobla en tres acabados de sutiles diferenciaciones estéticas, que todavía se pueden personalizar más eligiendo telas y algún retoque de pintura.

En el pasado salón AutoRetro de Barcelona, tuve la oportunidad de poner ante mis ojos no una, sino tres SS100… ¿Os suena familiar aquella sensación de quedarte embobado cinco, diez, quince minutos, contemplando un determinado modelo de moto? Pues eso es lo que me ha pasado con la Brough Superior, y aun siendo consciente de que una valoración puramente estética es peligrosa y puede generar discrepancias, no puedo dejar de hacerlo: cada rincón de esta máquina es pura orfebrería, da la sensación de que Thierry Henriette, su diseñador, no se ha inspirado en nada más que la SS100 original, a la que evoca poderosamente por más que estemos ante una “neo-retro” con todas las de la ley.

La moto es delgada y muy larga, monoplaza, con un motor V-Twin completamente a la vista que rinde 120 caballos, más que suficientes para dar un paseo sin otra pretensión que disfrutar del pilotaje. El largo depósito de combustible tiene dos bocas, y la instrumentación se apiña en una esfera circular que contiene velocímetro y cuentavueltas. Nuestras manos se posan en un ancho manillar de generosa palanca, con los puños forrados de piel de calidad. Ante nosotros, el ojo ciclópeo de un faro redondo prende leds; la suspensión delantera es gestionada por una horquilla tipo Fior (otra “excentricidad” de este modelo), que abraza unas ruedas de 18 pulgadas tanto delante como detrás… Las llantas, de radios mecanizados, son para enmarcar, y el equipo de frenada, de pastillas anormalmente empequeñecidas y discos macizos, imitan un estilo vintage. Y esos intermitentes minimalistas… En fin, dejémoslo aquí antes de que esto se convierta en una inacabable letanía de pequeños maravillosos detalles.


Evidentemente, no pude mover aquella máquina ni un palmo del stand, y ni siquiera pude ponerla en marcha para oír su bramido, así que, si queréis conocer las sensaciones dinámicas, tendréis que bucear en internet. Eso sí, no pongáis rock’n’roll de banda sonora, a esta Brough le pega más, por ejemplo, el Clair de Lune de Debussy...

Ahora que todos tenemos el caramelito en la boca, queda un último detalle por explicar… y es que el “Rolls-Royce” de las motos tiene un precio nada mundano, partiendo de los 50.000 euros, impuestos aparte. Y ya se verá si la fábrica puede atenderte: construye sólo una unidad al día, y no faltan compradores. 

Quien quiera un vehículo diferenciador, muy personal, y pueda permitirse abrir la cartera para soltar esa cifra, puede comprarse un Bentley, un Benz o un Jaguar con la seguridad de que quedará como un triunfador cuando llegue al Club de Campo… Pero habrá por ahí alguien, aquel uno entre un millón, que elegirá la Brough Superior. Porque tener clase no es sólo cuestión de dinero.

jueves, 25 de abril de 2019

"Vive la moto" 2019


Imaginad que, cada dos años, un precioso cometa se dejara ver en el firmamento, y miles de telescopios lo enfocasen para disfrutar de su fugaz presencia antes de desaparecer otros dos años… Pues eso es lo que ha sucedido con el salón de la moto de Barcelona (antiguo “Motoh!”, ahora rebautizado como “Vive la Moto”), que de manera bianual acude a su cita en la ciudad con mayor número de motos por habitante de Europa, y donde el 49% de los desplazamientos urbanos se efectúan con este tipo de vehículo.

La órbita de un cometa es inamovible, pero no la organización de un salón de la moto, así que,  ¿Para qué nos hacen esperar dos años, en vez de chutarnos una dosis anual? Los caminos del marketing son inescrutables, y sus motivos tendrán para ello… Sea como sea, la sociedad motociclista tiene hambre de novedades, y este año han sido más de 35.000 los asistentes, nuevo techo histórico.

VLM 2019 ha subido el listón en todos los aspectos respecto a la edición 2017: más marcas expuestas (la organización dice que 400), 50 novedades -incluida la Triumph Thruxton TFC, primicia mundial-, más superficie de exposición, más actividades… Más de todo en un salón que se apoya en tres pilares: la exposición comercial del sector, las actividades para los usuarios y los encuentros profesionales, todo ello bajo el paraguas de ANESDOR, en el único evento que promueven de manera directa. ¡Vamos allá!

Benelli sigue sumando ventas sin hacer ruido, pero con paso firme gracias a lo que da y lo que cuestan. Hasta Barcelona trajeron su “retro” Imperiale, y el resto de una gama que ya no es novedad, pero sigue haciendo arquear cejas, TRK y Leoncino principalmente.



BMW tiró de galones para montar su típico e impoluto stand, alfombras incluidas para sus modelos más venerables. Aparte de sus habituales buques insignia, se exponía el nuevo scooter C400X; además, y como en todos los stands, un pequeño ejército de vendedores se encargaba de cerrar tratos sobre el terreno, los “descuentos de salón” son a veces el empujoncito definitivo para volver a casa con moto nueva.

Sin novedad en el stand de Ducati, aparte de exhibir la Panigale V4S Corse, réplica matriculable de la MotoGP. Los italianos tienen una gama plenamente consolidada, y este está siendo un año de tomar aire y recoger los frutos de una frenética renovación de gama.

FB Mondial, una de las marcas que más cuida la calidad y el diseño aplicado a motos “molonas” de baja cilindrada, trajo las evocadoras Flat Track y Pagani, siempre equipadas con el motor Piaggio de 125cc que tan buen rendimiento les está dando.

Harley-Davidson ha tenido stands mucho más elaborados que el visto este año en Barcelona, o bien el del 2017 fue la monda y éste ha sabido a poco; eso sí, mostraba los modelos participantes en el concurso de personalización “Battle of the Kings”, y la nueva FXDR 114, reencarnación de la difunta V-Rod.

Kawasaki ha dado la campanada, y confirmando lo ya visto en Milán, ha resucitado la W800 dos años después de haber sido “enterrada” con honores de estado… Eso sí, convenientemente actualizada a nivel de mecánica, pero sin perder un ápice de su indudable estilo “retro” sin trazas de “neo”.


El protagonismo único de Moto Guzzi fue la esperada V85TT, “trail” en la que la marca tiene depositadas muchas esperanzas: su precio equilibrado y una estética evocadora tendrán mucho que ver en ello.

Definitivamente, Norton ha vuelto para quedarse, y además con unos modelos –más bien piezas de orfebrería- que están sobradamente a la altura de su nombre, echad un vistazo a las deportivas VR, la Dominator o las “scrambler” Atlas.


Suzuki paseó una vez más su Katana, y Triumph presentó en exclusiva mundial una versión de la Thruxton, apellidada TFC (“Triumph Factory Custom”). Será el primero de varios modelos que llevarán esta exquisitez de la personalización. También se puede considerar novedad la Scrambler 1200, por cierto probada por este que os escribe, y que me dejó achicharrada la rodilla derecha por un inexplicable (por deficiente) aislamiento del calor del escape.



Yamaha centró los focos en la Teneré 700, trail realmente mixta que se arriesga con un motor de 74 caballos, “suficientes” según la marca de los diapasones. Ya se puede reservar vía Internet, la empezarán a servir en verano, y no se podrá ver de manera regular en los concesionarios hasta septiembre: pocos modelos han “estirado” tanto el redoble de tambores de su presentación.


Esto ha sido a muy grandes rasgos lo visto en Barcelona; si esperabais un análisis mucho más escrupuloso de las novedades, disculpadme y miradlo en alguna otra revista, este artículo no pretendía ir por ese camino. Sin embargo, sí que me entretendré en un espacio muy concreto de este salón, demasiado pequeño y sin embargo el más cálido: el reservado a las actividades relacionadas con el mototurismo

Una gran idea a la que sólo le deseamos se le dé más espacio en futuras ediciones, visto el gran interés creado: operadores de viajes a destinos más o menos exóticos, alquiler de motos, eventos mototurísticos, y el rincón habilitado para conferencias sirvieron de imán para que un montón de sospechosos habituales convergieran en aquel espacio: Alicia Sornosa, Polo Arnáiz, Juan Carlos Toribio, PauTravel, Pedro Sidecar, Vitin OK, JAF Fernández, Raúl Sanz, Hugo Scagnetti y un largo etcétera que me van a odiar por no haberlos mencionado… Lo dicho, un auténtico “dream team” para los que hacemos de la moto algo más que una afición.





En el exterior del palacio ferial, la avenida Exposición estaba totalmente tomada por el espacio de acrobacias (un lujo ver juntos a Emilio Zamora y Narcís Roca, más los “trialeros” Jordi Pascuet y Marcel Justribó), y 200 motos de pruebas, que se revelaron insuficientes para atender la avalancha de peticionarios… Y que provocaron quejas de “ofendiditos” por el incremento del tráfico en las calles de Montjuïc.


Cierro este artículo dejando cabos sueltos: no he hablado de los “stands” de accesorios, recambios y equipamiento, ni del aparente estancamiento de novedades “enchufables” (con la gloriosa excepción de la Vespa elettrica, Super Soco, NIU y poco más), el monográfico sobre Bultaco, diversas ponencias, Pol Espargaró firmando autógrafos… Bah, hagamos una cosa: dentro de dos años, ven tú mismo a verlo y ayúdame a explicarlo.










martes, 16 de abril de 2019

Salón MotoMadrid 2019


Un año más, y ya van ocho consecutivos, el Salón MotoMadrid ha cerrado sus puertas con un músculo que pronostica más ediciones; según la organización, más de 40.000 personas han visitado el certamen, que copaba casi todo el espacio disponible del Pabellón de Cristal.

El sábado fue el día de afluencia más crítica, aunque la organización se encargó de trasladar la masificación fuera del recinto mediante un férreo control de aforo que permitía una visita “relajada”… y unas colas en taquilla insufribles.

Ya en el interior, el visitante tenía ante sí un escaparate eminentemente práctico, en el que las marcas estaban mayormente representadas por las concesiones oficiales en la capital, sin espectaculares azafatas ni luces de neón, y sí en cambio con vendedores que cerraban tratos in situ. Esto no contradecía la presencia de algunas novedades, como la recién aterrizada Moto Guzzi V85TT, la extraña Yamaha Niken o la intemporal Triumph Scrambler 1200.



También había un generoso espacio para motos de ocasión, ropa, accesorios, circuitos, revistas del ramo, e incluso carpas de motoclubs. No faltaron las charlas, ofrecidas casi de manera continua, y de todas las temáticas imaginables: presentación de nuevos modelos, Cruz Roja, movilidad eléctrica, libros, motoviajeros, campeonatos monomarca, música en directo…

En la planta baja, el “Bike Show” ocupaba gran parte del espacio, con preparadores que mostraban piezas únicas… Por cierto, la ganadora fue una preparación sobre una Honda Goldwing de 1977.

En el pabellón Satélite se desarrollaron las actividades dinámicas: show stunt de los pilotos Narcís Roca y Emilio Zamora, y el “Flat Track”, carreras en un pequeño circuito oval, -novedad de este año- y las diferentes rutas turísticas pusieron la guinda a un evento que promete cuerda para rato.