lunes, 17 de febrero de 2014

El "carrilet" minero de Súria

En Cataluña, la comarca del Bages tiene, y ha tenido, una relación agridulce con el tren. Su capital, Manresa, está en el centro de Cataluña, o sea que pocas cosas están demasiado cerca, pero nada está demasiado lejos. Esta “centralidad” no ha sido precisamente una ventaja para conseguir unas infraestructuras básicas decentes: en automóvil, sigue siendo de escándalo que la alternativa a una carretera mortífera sea la autopista más cara e insegura de Europa, y el tren no dibuja un panorama mejor...

La red de Rodalies (antigua “Cercanías” de RENFE), llega a Manresa por los pelos, y su nombre se lee en el extremo de los mapas ferroviarios. El tiempo de desplazamiento hasta Barcelona es exactamente el mismo que a principios del siglo XX, no es broma. La red de Media Distancia también pasa por Manresa, al ser punto intermedio entre Barcelona y Lleida; en este último caso, y al igual que en Rodalies, mejor ni hablar de una velocidad comercial indigna de los tiempos que vivimos. Los trenes regionales están empantanados en una tierra de nadie entre el AVE y los Cercanías/Rodalies.

Con la mención de la línea métrica de los Ferrocarrils de la Generalitat Barcelona-Manresa, el resto de la comarca es, ferroviariamente hablando, un desierto, y al norte de la comarca solo perviven dos ramales de vía métrica que dan servicio a las minas de potasa de Sallent y Súria. El ramal de Sallent es el último rastro del ferrocarril Manresa-Guardiola de Berguedà, y el de Súria tiene un recorrido mucho más corto y pragmático. Él es el protagonista de esta crónica.




Corría el año 1.912 cuando bajo el subsuelo de Súria se halló un filón de sales potásicas. Simultáneamente a la excavación de galerías, se construyó una línea ferroviaria para transportar el mineral hasta el puerto de Barcelona. El primer tren empezó a circular en 1.924.



El ferrocarril de Súria era métrico, y en Cataluña se popularizó denominarlos “carrilet”. La longitud de la linea era de 13 kilómetros, y tenía cuatro paradas: Manresa, Callús, Súria y el cargadero de las minas. Un ramal humilde.




La poca frecuencia de trenes hizo imposible, casi desde sus inicios, la competencia con el autobús, y durante la posguerra se suprimió el servicio de pasajeros. Desde entonces hasta hoy, su única razón de ser es dar servicio a las minas de potasa; cuando éstas cierren (amenaza que sobrevuela año tras año), el futuro del tren de Súria es más que incierto.


Tiempo atrás, unos emprendedores tuvieron la idea de dar un uso lúdico a las vías durante los fines de semana, cuando no circulaban trenes: utilizarlas para dar paseos con bicicletas adaptadas. Se unían dos de ellas con un eje, y gracias a unas ruedas adaptadas conformaban un ingenio a pedales que llamaron Ecorraíl. La crisis de 2007 se llevó por delante la iniciativa, que era financiada con dinero público, y ningún capital privado quiso coger el relevo.



El tren de Súria sale de la estación de Manresa-Baixador y da un rodeo por el exterior de la ciudad, pero no siempre fue así: hasta 1996, el ferrocarril discurría por las actuales calle Font del Gat y avenida Bases de Manresa. La expansión de la ciudad motivó la eliminación del camino ferroviario original.



Siguiendo las calles mencionadas hasta las afueras, llegaremos hasta un camino sin ningún tipo de mantenimiento que conserva restos de balasto y algunos hitos de hormigón. Son aproximadamente tres kilómetros y medio hasta llegar a los raíles propiamente dichos. Más adelante, bordea el centro penitenciario de Lledoners, en Sant Joan de Vilatorrada, cerca del cual hay una fosa común donde hay enterrados quince soldados republicanos.































Más adelante, la vía pasa junto al santuario de Joncadella, que debe su nombre a la aparición de la Virgen en una cueva rodeada de juncos. Expone la reproducción de una talla gótica, ya que la original fue expoliada y destruida durante la Guerra Civil.













Callús conoció tiempos de prosperidad a principios del siglo XX, con el establecimiento de cinco fábricas de hilados que cerraron con la crisis del sector en los años 70. De su apeadero, solo queda una columna metálica que sostiene el antiguo reloj, la campana que anunciaba la llegada de los convoyes y la placa metálica que reza la altitud sobre el nivel del mar: todas las estaciones ferroviarias tienen la mencionada placa, que toma la referencia del nivel del mar en Alicante, y que se colocaron desde 1871 hasta 1966. El apeadero de Callús se construyó en 1927, y se demolió en algún momento de la década de 1980. Desde 2006, en su lugar hay instalado un vagón centenario de los ferrocarriles portugueses.












Entre Callús y Súria, la vía ha de superar unos cuantos obstáculos del terreno, resueltos con diversos túneles y puentes. En la estación de Súria, varios ramales sirven para acumular vagones de mineral. Más allá, las vías desaparecen en el recinto minero, muriendo definitivamente en el cargadero de potasa.












Saludos y buena ruta!

4 comentarios:

  1. Bien "documentao", "narrao" y "afotao", como nos tienes acostumbrado.
    Curiosa historia.
    Un abrazo

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    1. Gracias, Santi! Como siempre, me has dejado bien "halagao"! :-D

      Abrazos de vuelta, nos leemos!

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  2. Respuestas
    1. Como ya he comentado alguna vez, da igual la piedra que remuevas, alguna cosa encontrarás debajo... Gracias por el seguimiento, un saludo y nos leemos!

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